Qué es el dolor pélvico crónico
Es el dolor localizado en la pelvis, la parte baja del abdomen o la zona genital que persiste seis meses o más. Puede ser continuo o cíclico, y con frecuencia se acompaña de dolor durante las relaciones sexuales, al orinar, al defecar o al permanecer mucho tiempo sentada.
La característica que lo separa de un dolor agudo es que, con el tiempo, el dolor deja de ser solo un mensajero y se vuelve parte del problema. El sistema nervioso que lleva meses transmitiendo dolor se vuelve más sensible: responde con más intensidad a estímulos que antes no dolían. Eso se llama sensibilización central, y explica por qué tratar solo la causa original a veces no basta.
Por qué los estudios pueden salir normales
Esta es la parte que más frustra a las pacientes y la que más se explica mal. Una ecografía y una resonancia ven estructuras: órganos, quistes, masas, líquido. Hay causas frecuentes de dolor pélvico que no son estructuras y por lo tanto no aparecen:
- Contractura del piso pélvico. Los músculos que sostienen la pelvis se mantienen contraídos de forma sostenida. Duelen como duele un calambre que no se suelta, y no se ven en ninguna imagen.
- Puntos gatillo miofasciales. Nódulos de músculo contracturado que duelen al presionarlos y que además refieren dolor a distancia: un punto en la pared abdominal puede doler en la vagina o en la ingle.
- Dolor neuropático. Nervios sensibilizados, comprimidos o atrapados —el pudendo, el hipogástrico, el ilioinguinal—. El dolor es quemante, eléctrico, y sigue el recorrido del nervio.
- Endometriosis peritoneal superficial. Lesiones pequeñas que no se ven en ecografía convencional pero generan inflamación real.
- Sensibilización central, que es un cambio funcional del sistema nervioso.
Todo lo anterior se identifica con un examen físico dirigido: palpando la musculatura del piso pélvico, buscando puntos gatillo y mapeando los territorios nerviosos. No es un examen que se pueda reemplazar por una imagen.
Las causas que se estudian
Ginecológicas
- Endometriosis, incluida la peritoneal superficial y la profunda
- Adenomiosis
- Miomatosis uterina
- Adherencias por cirugías o infecciones previas
- Congestión pélvica por dilatación de las venas gonadales
- Quistes y masas ováricas
Musculares y del piso pélvico
- Síndrome miofascial y puntos gatillo
- Hipertonía o contractura del piso pélvico
- Vaginismo secundario al dolor sostenido
Neurológicas
- Neuralgia del pudendo
- Atrapamiento de nervios ilioinguinal, iliohipogástrico o genitofemoral
- Dolor referido por el plexo hipogástrico
Urinarias y digestivas
- Síndrome de vejiga dolorosa / cistitis intersticial
- Colon irritable, que con frecuencia coexiste y no explica todo el cuadro
En la mayoría de las pacientes con dolor de años coexisten varias causas a la vez. Ese es el motivo por el cual un tratamiento dirigido a una sola de ellas mejora parcialmente y luego se estanca.
Cómo se evalúa
La valoración tiene tres partes, y ninguna se puede saltar:
- Historia del dolor con detalle. Cuándo empezó, qué lo desencadena, qué lo calma, cómo se relaciona con el ciclo, con las relaciones, con la micción y la defecación, y qué tratamientos se han probado y con qué resultado. La historia orienta el diagnóstico más que cualquier examen.
- Examen físico dirigido, incluyendo mapeo de puntos gatillo, evaluación del tono del piso pélvico y exploración de territorios nerviosos.
- Estudios según la sospecha, no por protocolo: ecografía de mapeo si se sospecha endometriosis, resonancia en casos de enfermedad profunda, estudios urológicos si el patrón es vesical.
Tratamiento por componentes
El plan se arma según qué componentes tenga el dolor de cada paciente. Estas son las herramientas:
Para el componente muscular
Toxina botulínica en el piso pélvico para relajar la musculatura que lleva meses contracturada, e infiltración de puntos gatillo para desactivar los nódulos que refieren dolor. Se acompaña de fisioterapia de piso pélvico, que es la que mantiene el resultado en el tiempo.
Para el componente neuropático
Bloqueo de nervios periféricos, que además de tratar cumple una función diagnóstica: si el dolor cede al bloquear un nervio determinado, ese nervio está implicado. Junto a medicación específica para dolor neuropático, que no es la misma que se usa para el dolor común.
Para el componente inflamatorio
Manejo médico de la endometriosis o la adenomiosis y, cuando hay indicación, cirugía laparoscópica para resecar las lesiones.
Cirugía para manejo del dolor
En casos seleccionados: laparoscopia para dolor crónico, ligadura de venas gonadales en congestión pélvica, histeropexia y colpopexia. Siempre con una indicación clara y una expectativa realista conversada antes.
Abordaje interdisciplinario
Un dolor con cuatro componentes no lo resuelve una sola especialidad. El consultorio trabaja con red de apoyo en estas áreas y deriva según lo que el caso necesite:
- Fisioterapia de piso pélvico — componente muscular del dolor y disfunción del piso pélvico.
- Psicología — el impacto de años de dolor no validado, y el manejo del dolor crónico.
- Nutrición — síntomas digestivos e inflamación asociados a endometriosis.
- Medicina funcional — abordaje complementario del dolor crónico.
- Urología — síndrome de vejiga dolorosa y compromiso urinario.
- Coloproctología — endometriosis con compromiso intestinal.
- Trabajo social — trámites, autorizaciones y acompañamiento del proceso.
- Ecografía de mapeo — mapa de las lesiones antes de planear una cirugía.
Una advertencia honesta sobre la cirugía
Si el componente principal del dolor es muscular o neuropático, operar no lo va a mejorar. Es una de las situaciones más frecuentes en pacientes que llegan después de una o dos cirugías: se resecó lo que se veía, y el dolor siguió intacto porque nunca venía de ahí.
Por eso la valoración se ordena en ese sentido: primero entender qué genera el dolor, después decidir si hay algo que operar. Y si te han propuesto una histerectomía como única salida, vale la pena una segunda opinión antes de aceptarla.