Qué es el dolor miofascial
Es el dolor que se origina en el músculo y en la fascia que lo envuelve. Su unidad básica es el punto gatillo: un nódulo pequeño de fibras musculares que quedaron contraídas de forma permanente y no se sueltan.
Ese nódulo tiene dos propiedades que explican casi todo el cuadro clínico:
- Duele al presionarlo, con un dolor que la paciente reconoce de inmediato como "el suyo".
- Refiere dolor a distancia. El dolor no se percibe donde está el nódulo, sino en una zona alejada y predecible según el músculo afectado.
La segunda propiedad es la clave del malentendido diagnóstico. Un punto gatillo en el recto abdominal o en el oblicuo puede producir dolor que la paciente siente en la vejiga, en la vagina o en el bajo vientre. Se estudia la vejiga, se estudia el útero, todo sale normal — porque el problema nunca estuvo ahí.
Por qué se confunde con otros diagnósticos
Los patrones de referencia de los puntos gatillo abdominales y pélvicos reproducen con bastante fidelidad los síntomas de:
- Cistitis intersticial o síndrome de vejiga dolorosa: urgencia, dolor al llenarse la vejiga, molestia uretral.
- Colon irritable: dolor abdominal cólico, distensión, cambios en el hábito intestinal.
- Dispareunia de causa no aclarada: dolor en la penetración o dolor profundo.
- Dolor pélvico "sin causa", que es como termina etiquetado cuando las imágenes no muestran nada.
Cuando ese es el mecanismo real, hay una prueba bastante elocuente: al infiltrar el punto gatillo, el síntoma urinario o digestivo mejora. Eso no ocurriría si el problema estuviera en la vejiga o en el colon.
De dónde salen los puntos gatillo
Casi nunca aparecen solos. Suelen instalarse como consecuencia de otra cosa:
- Un dolor previo de otro origen. La endometriosis, una infección o un parto difícil generan dolor; el cuerpo contrae la musculatura para protegerse; la contracción se cronifica. El dolor original puede resolverse y el muscular queda.
- Cirugías previas, especialmente cesáreas, por la cicatriz y el cambio de mecánica de la pared abdominal.
- Patrones posturales y tensión sostenida.
- Sobrecarga del piso pélvico, por esfuerzo repetido o por estreñimiento crónico.
Esto explica por qué una paciente puede quedar operada de endometriosis, con la enfermedad bien resecada, y seguir con dolor: se trató el origen inflamatorio y no el componente muscular que se había instalado encima.
Cómo se diagnostica
Con examen físico dirigido, que es la única forma. Se palpa sistemáticamente la pared abdominal y la musculatura del piso pélvico buscando los nódulos, se presionan y se confirma con la paciente si reproducen su dolor y hacia dónde lo refieren.
Es un examen que toma tiempo y que no aparece en ningún protocolo de imágenes. Su ausencia es la razón principal por la que este diagnóstico se pasa por alto durante años.
Tratamiento
Infiltración de puntos gatillo
Se inyecta anestésico local directamente en el nódulo. Eso rompe el ciclo de contracción y dolor y permite que la fibra muscular se relaje. Es un procedimiento ambulatorio y el alivio del punto tratado puede ser inmediato.
Fisioterapia de piso pélvico
Es la parte que sostiene el resultado. Trabaja la liberación miofascial, la reeducación del patrón de relajación y la corrección de lo que mantenía el punto activo. Sin fisioterapia, los puntos tienden a reaparecer.
Toxina botulínica
Cuando además de puntos localizados hay contractura extensa de la musculatura pélvica, se indica botox en el piso pélvico para relajar el conjunto y darle a la fisioterapia una ventana en la que sí puede trabajar.
Tratar el dolor de base
Si hay endometriosis activa o dolor neuropático manteniendo el cuadro, el componente muscular va a volver mientras eso no se trate. Por eso el plan aborda todos los componentes del dolor y no solo el más visible.